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Cold like December

“Prefiero tocar sutilmente que alardear con la batería”

Demasiada ambición, pasión y sentimiento se descargaban cuando sentía la fina madera de las baquetas en sus manos. Su sentido seguía cuerdo únicamente por el deseo de tocar aquellas cajas y platillos habiendo creación artística tras ellos. Era algo casi trascendental cuando cerraba los ojos y solo sentía la vibración de la batería fluir tras sus baquetas. Había estado preparando el instrumento en medio del escenario, frente a miles de butacas que no se llenarían pero que el en su cabeza vería ocupadas. Le hubiese gustado el hecho de tocar frente a toda la institución, o tocar frente a miles de personas que ni si quiera sabría quienes son nunca.

Preparo el taburete, jugo con sus baquetas antes de sentarse y las volteo deslizándolas por sus dedos. Vestía con una camiseta de tirantes, dejando a la vista sus tatuajes y un pantalón corto y oscuro, sin faltar sus deportivas negras. Una vez sentado observo los asientos vacíos y cerro los ojos comenzando a tocar, cada golpe retumbaba en todo el auditorio, el lugar se llenaba de fuerza musical y el escocés ni si quiera se preocupaba por nada que no fuese crear la melodía que brotaba de su cabeza. Durante más de media hora toco sin parar, hasta sentir las gotas de sudor recorrer su cara y sus brazos, siguió tocado cada vez con más fuera, incluso sintiendo caer sangre de su nariz, una vez más dejando paso a su enfermedad.

Su camiseta estaba manchada, sus nudillos empezaban a estarlos también, sus brazos cada vez más cansados hacían sentir cada vena del chico dándolo todo por la música. Momento de gran tensión en las que las paredes rebotaban el esfuerzo y el dolor.

Paro. Dejo las baquetas en el suelo y se limpio la nariz con la camiseta observando una cara conocida en los asientos. — ¿Te ha gustado? — preguntó riendo a Delilah, la joven con la que no sabría muy bien definir su relación pero que había terminado por caerle en gracia al menos. Además el odio de Renton hacía la soledad era notorio así que le alegraba estar con alguien.
Publicado por Mark Renton el Miér Jun 15, 2016 6:25 am


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Dunkelheit podía ser enorme, pero a veces podía parecer más pequeño que un hormiguero. Así me lo pareció cuando atravesé el hall de camino al comedor y escuché el eco de una batería viniendo de algún sitio. Obviamente el sonido no tenía su origen en el armario de limpieza, o en el ahora despacho del director; y no me imaginaba a la enfermera improvisando para todos aquellos que acudían a ella buscando una cura para su resfriado. Me convencí de que en realidad no tenía tanta hambre como había pensado al abandonar mi habitación, y salvando los pocos metros restantes hasta la puerta del auditorio con pasos veloces y sigilosos, me decidí a entrar.

Al principio empujé la puerta con mucho cuidado de no hacer ruido; después recordé que había alguien dentro haciendo mucho más ruido que yo afuera, y empujé con más fuerza sin  preocuparme por el rechinido, que en realidad apenas se escuchó. El escenario estaba a varias decenas de metros de distancia, pero podía ver claramente que, justo en el centro, se encontraba un baterista solitario. Él ofrecía el concierto de su vida a las motas de polvo que no paraban de bailar frente a los débiles rayos de sol que se colaban por los ventanales.

Seguramente notó que yo había entrado (o no, ¿cómo saberlo?), pero avancé por uno de los pasillos laterales intentando no hacer ruido. Pretendía ocultarme en la penumbra hasta descubrir quién era el misterioso intérprete de tan apasionada pieza, pero pronto reparé en la línea oscura que bajaba por su nariz y corría por su barbilla. Entonces pude apreciar mejor los dibujos de sus brazos confirmando la identidad de mi nuevo ídolo musical (título que jamás le daría en voz alta).

Mark Renton golpeaba las baquetas contra platillos y tambores como si no hubiera mañana. Lo cierto es que era un espectáculo digno de ver, y entre curiosa y sorprendida decidí tomar asiento en una de las butacas de la orilla, levantando una pequeña nube de polvo a mi alrededor. Si no fuera porque convivía con Renton desde hacía años me habría preocupado más la sangre salpicándolo todo que la intensidad con la que tocaba mi compañero. Lo había visto sangrar por la nariz tantas veces que ya no me impresionaba. Ni siquiera me preguntaba cuánta sangre podía derramar antes de necesitar ir a la enfermería: él sabía cuidarse solo.

Con un impresionante final, Renton cerró su interpretación, y no pude evitar el impulso de aplaudir mientras él se limpiaba (sin mucho éxito, diría yo) con la camiseta –Ha sido todo un espectáculo – respondo, pensando en la extraña combinación de batería, sangre, y abdominales descubiertos –, pero me parece que has perdido el ritmo al final – agregué (mejor dicho, mentí) con voz petulante. Y es que, por bueno que fuera Renton haciendo casi cualquier cosa, nunca estaba de más buscar la forma de bajarle los humos.

Me inclino hacia adelante y coloco la barbilla obre la palma de mi mano – Tal vez si te dejas la camiseta sobre la cara te verías mejor. Lo digo penando en el público, claro – digo en tono inocente, pero sin disimular una sonrisa un poco maliciosa.
Publicado por Delilah O'Rilley el Jue Jun 16, 2016 1:05 pm
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Una pequeña sonrisa ladeada y picaresca iba cogiendo forma en la expresión del escocés que había apartado la mirada cristalina de la chica a la que machacaba en ajedrez a cada oportunidad que tenía. Abajo en la penumbra había sido difícil diferenciar quienes se encontraban escuchando su música, a él no le sorprendía que la gente hubiese entrado a husmear estaba claro que no había sido para nada silencioso. Lo que le provocaba gracia era que fuese precisamente aquella debilucha chica la que había metido el hocico en el auditorio en busca de arte.

Otra de las cosas que consideraba increíblemente graciosas era el asombro que ponían muchos alumnos cuando veían la constancia que el escocés ponía en todo lo que hacía. La batería era una de las cosas importantes a destacar, pero la literatura, el ajedrez y sobre todo el atletismo eran evidentes extraescolares por las que Renton se desvivía. De hecho el chico se desvivía por todo lo que le apasionaba, tanto que daba igual cuanto sangrará o cuando sudará. Su vida eran granos de arena diminutos en comparación con el mar que podía conseguir alcanzar. Esa era su filosofía de la vida, ni tanto ni tan poco.

Ronnik estaba olisqueando y mordisqueando trozos de galleta rotos dentro de la mochila Renton, era una rata blanca y pequeña que había adoptado como mascota y solía llevar siempre consigo o dejarla en su cuarto.

Los aplausos al final de la actuación provocaron en él la ampliación en su totalidad de una de sus mejores sonrisas. Quitándose con dificultad y sin quedar totalmente limpio su rostro de la sangre roja y espesa. A él le daba bastante igual y Delilah estaba más que acostumbrada a sus problemas. Renton se había convertido en poco tiempo en un libro abierto para ella, aunque lo fuese muchas veces para todos nunca había sido un libro abierto tratándose de una posible amistad.

Chasqueó la lengua y saco a Ronnik de debajo de la mochila en un pequeño salvamiento de que se ahogará o enloqueciera dentro de ella, sin dejar las migas dentro para que pudiera comerlas fuera. – No sabes nada de música – respondió intentando aparentar que poco o nada le importaban sus palabras, aunque no fuese así. Conocía bien a Delilah sabía que a ella le encantaba picar y Renton no era presa fácil pero era alguien divertido al quien chinchar. – Sube y demuéstrame que no eres una de esas niñatas refinadas y que sabes golpear con fuerza los platillos – comento Renton intentando retarla a que lo hiciese, siendo exigente y pidiendo más de ella. Quería ver la mejor versión de aquella chica, sabía que dentro de esa desastrosa mente podía haber algo de valor.

El escocés ríe su gracia, no se enfada de hecho se quita la camiseta sin decir nada y alzando las cejas mientras observa a Delilah. Con uno de sus dedos juega con la camiseta, dándola vueltas como un niño – ¿sabes donde estaría mejor? – pregunta mirando la camiseta y después a ella. – en la tuya  – terminó por decir lanzando su camiseta sucia directamente en la cara de ella. Su puntería no era exquisita pero tantos años en las calles jugando a básquet con su primo Malcolm habían servido para algo.
Publicado por Mark Renton el Mar Jun 21, 2016 4:58 pm


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Solté un bufido al escuchar la palabra "refinada". Seguro mi madre se sentiría orgullosa al escuchar que alguien me llamaba de ese modo, incluso sabiendo que yo no era refinada ni en la punta del cabello. Si pidieran mi opinión, diría que la rata blanca que comía migas a un lado de la mochila de Renton lo hacia con más gracia que yo (especialmente al enfrentarme a una de esas colecciones de cubiertos que parecen ser todos exactamente iguales).

Y en cuanto a la batería...  nunca había conseguido dominar ni  siquiera un instrumento tan pequeño como una flauta, así que tocar un montón de tambores y platillos a la vez requería de un nivel de coordinación que yo jamás obtendría; además, adivinar qué cosa sonaba de qué manera sería casi  tan complicado como averiguar para qué servía el tenedor pequeño.

–¿Qué te hace pensar que soy "una de esas niñatas refinadas"? – le pregunté a Renton en un intento de esquivar su desafío. Sin embargo, comencé a acercarme a las escaleras laterales del escenario. Tal vez haría el ridículo intentando hacerme pasar por una baterista experimentada, pero jamás me acobardaría frente a nadie –Tal vez eres tú el único niñato refinado aquí – claro que estaba consciente de que Renton tampoco era un individuo muy refinado, bastaba con ver su rostro lleno de sangre y la rata comiendo a sus pies para pensar todo lo contrario. Seguro era por eso que me agradaba a pesar de ser tan engreído.

Me tomó desprevenida su lanzamiento directo, y aunque intenté meter las manos su camiseta terminó en mi rostro –Muy gracioso, Renton – le dije en tono sarcástico mientras apartaba la prenda intentando no hacer cara de asco; y al sentir algo húmedo en la mejilla rogué en silencio por que fuera sangre y no sudor lo que se me había quedado embarrado –Te devolvería el gesto, pero mi camiseta es una chanel que compré en la Rue Cambon de París – intenté imitar el tono desagradable de cierta chica de séptimo insoportable, pero al final me ganó la risa.

Finalmente subí al escenario y observé la batería a una distancia segura (sólo me faltaría tropezar con ella). Había despertado mi curiosidad, comenzaba a preguntarme cómo era que funcionaba ese sistema de percusiones, cómo sonaría un golpe por aquí y uno por allá. Le lancé a Renton su camiseta, no era un objeto que pretendiera conservar –¿Dónde aprendiste a tocarla? – le pregunté sin apartar la vista del complejo instrumento.
Publicado por Delilah O'Rilley el Vie Jun 24, 2016 9:55 pm


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No había terminado de justificarse porque siempre veía a los demás como estudiantes idiotas y sin criterio, pero lo cierto es que la mayoría lo eran y eso nadie se lo podría negar. Ronnik estaba a un lado correteando en círculos buscando las diminutas migas de las galletas que una vez Renton dejo olvidadas en el interior de la mochila mientras este con su camiseta ya sucia limpiaba las baquetas que se escurrían por el líquido rojo de su nariz. No, el escocés no era precisamente un caballero, pero sabía como tratar a la gente. Si quería que Delilah tocara algo para él que menos que tener las baquetas limpias para que no se le escapen al sujetarlas.

Supongo que yo también he curioseado cuando practicabas danza… – dijo riéndose mientras confesaba aquello. – no puedes negarme que eso es de niñata refinada – terminó por decir con otra de sus sonrisas pequeñas pero muy expresivas. Sabía que la escuchimizada de O’ Rilley no entraba ni si quiera un dedo en el grupo aquel pero le gustaba tanto molestar como ella a él. Su último ataque ni si quiera se paro en darle importancia. ¿Renton, refinado? Niñato tal vez, pero nunca podrían calificarle como refinado. Era un joven de calle y se hacía notar a simple vista, claro que había estado con gente refinada, pero no eran los típicos idiotas refinados eso estaba claro.

No se aguanto la risa y la dejo escapar en una pequeña bocanada cuando vio el rostro desconcertado de ella con su camiseta sucia en la cara. Risa desastrosa que se convirtió en una sonrisa verdadera al verla con un poco de su sangre en la mejilla intentando imitar a una de esas pijas de séptimo que tan poco soportaba el escocés. – Claro, dices esas camisetas de chanel que te dan bastante igual cuando un tipo alto y fuerte te calienta la oreja con palabras bonitas ¿no? – dijo riéndose porque era cierto, esas chicas podían creerse lo mejor de Dunkelheit pero a Renton no le engañaban.

Noto los bigotes de Ronnik en sus piernas, se había subido a su zapatilla sucia y estaba intentado escalar por su pierna sin victoria. Delilah se había atrevido a subir. Renton le miraba mientras esta observaba la batería como si se tratara de un dragón dormido al que no quería despertar por miedo. Noto su camiseta regresar a el, y la cogió dejándola caer en su hombro. – Aprendí yo solo, creeme tenía mucho tiempo libre cuando faltaba a la escuela – se acercó a ella para limpiarle la mejilla y apretar las baquetas en sus manos. – Deleitame, niñata refinada de séptimo, quiero ver como ensucias la camiseta de chanel – dijo riéndose y sentándose al lado de Ronnik, mientras esta estaba inmóvil mirando a la bestia, vaya la batería.
Publicado por Mark Renton el Dom Jun 26, 2016 8:19 am


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No me costaba mucho imaginar a Renton espiando la clase de danza, así que creí su versión, pero dudaba que lo hiciera con fines culturales. Y aunque no pensaba que saber bailar me hiciera refinada, tampoco iba a seguir defendiendo la causa de mi nulo refinamiento, cosa que durante años había sido uno de mis mayores defectos a ojos de mi familia. No es que todavía me importara, pero me hacía sentir extraña, como si la realidad fuera otra. Por suerte el refinadísimo comentario de Renton me sacó de una línea de pensamientos que no terminaría nada bien –Culpable de todos los cargos – respondí levantando la mano, aunque evité añadir que para calentarme a mí hacían más que unas cuantas palabras bonitas.

Después me explicó que había aprendido a tocar en su tiempo libre. Tal vez yo habría aprendido a tocar la batería, la guitarra o al menos el triángulo si mi madre no me hubiera enviado a clases de ballet, francés, y buenas costumbres para mantenerme ocupada. Y entonces pasó por mi cabeza la pregunta que ya me había hecho tantas veces desde que pisara el internado por primera vez: ¿cómo era posible que en Dunkelheit hubiera personas tan diferentes tomando las mismas clases y compartiendo la misma mesa todos los días? ¿Era simple casualidad, o había una razón por la que esas cartas habían llegado a nuestros buzones? Era claro que el chico sin camiseta y yo no nos habríamos conocido en ningún otro sitio. Excepto tal vez un reformatorio, que seguro ambos íbamos por ese camino.

Renton puso las baquetas en mis manos y me limpió la mejilla. Miré de reojo y noté con alivio que lo que retiraba era sólo sangre. "Sólo sangre", vaya que estás pirada, Delilah. Y es que en un lugar donde las personas desaparecen todo el tiempo y después son encontradas muertas no es raro que la sangre parezca tan normal. Vale, no, que todo era culpa de Renton por sangrar en cada entrenamiento de atletismo y encima de los tableros de ajedrez. Me acerqué a la batería más movida por las palabras de Renton que por convicción propia –Mi pobre camiseta... si tan solo hubiera un chico alto y fuerte por aquí – respondo con un fingido tono lastimero, aunque no me vendría nada mal un príncipe azul que viniera a evitar que me humillara frente a Renton... una vez más.

Tomé el asiento que él había abandonado detrás de la batería y mi pie se topó con una especie de pedal. Me senté derecha, lo pisé fuerte un par de veces, y golpee con fuerza el platillo a mi izquierda cada dos tiempos –Sabes que no tengo idea de lo que estoy haciendo, ¿cierto? – pregunté antes de darle un par de golpes al tambor de la izquierda. Sí, seguro que el Señor Perfecto lo había notado.
Publicado por Delilah O'Rilley el Vie Jul 01, 2016 9:25 pm
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Rodo los ojos suspirando a su vez con un delicado cansancio poco propio del escocés. Solía ser uno de los estudiantes más movidos e hiperactivos del lugar pero después de tanta pasión desgastada con la batería necesitaba un descanso. Además sus fosas nasales le agradecerían un poco de compasión, el despilfarre de sangre era muy común en él, demasiado. Se llevo las manos a la cintura, notando el sudor de su piel descubierta. – Aquí tienes a un chico alto y fuerte, y además guapo.. – soltó bromeando. En el fondo esa arrogancia que hacía presencia en él era simplemente eso, simple apariencia, para nada Renton era alguien arrogante y menos chulesco. Podía ser de calle y poco refinado, pero respetaba a los demás dentro del límite en el que les consideraba mucho más idiotas que él.

Se sentó junto a su mochila y a Ronnik, la rata se había subido a su pierna y descansaba su cabeza dentro del bolsillo del escocés. Mientras el observaba a Delilah tomar la banqueta de la batería, acariciaba el pelaje blanco del roedor. Sabía que una vez estabas allí sentado el ritmo tenía todo el poder sobre uno mismo. No era una melodía que sonara mal, pero era bastante arrítmica. La sonrisa picaresca volvía a la expresión facial del escocés con cierto descaro. Ella ya lo sabía, Renton era un tipo meticuloso con su trabajo, exigente. Obviamente no pretendía que ella nada más coger las maderas supiera componer la mejor de las melodías de Buddy Rich pero el estaba dispuesto a que saliera sabiendo más de como había entrado.

Yo empecé así. Sin tener ni idea de nada. No es excusa, O´Rilley – comento con seriedad sin mirar a los ojos a su compañera. Podía ser el tipo más seco y duro cuando a arte se refería. Eso chirriaba y hacía casi insoportable a Renton pero lo arreglaba con su facilidad de palabras más tarde.

Se levanto dejando caer de cabeza a la rata en su bolsillo, dejando a la vista las patitas traseras de esta bailotear intentando darse la vuelta. No tardo en cogerla y darle la vuelta para que lo que sobresaliera fuese su cabeza. Se acercó a Delilah por detrás quedándose quieto tras ella. –Puedes jugar con las cajas y los platos, no te van a morder – dijo quitando la camisa de su hombro y echándola junto a su mochila. Aún tenía sangre en la cara incluso en el pecho pero apenas se había fijado.

Prueba como suenan todos, y luego haz lo que se te ocurra – siempre le hacía eso. En todo dejaba la libertad del novato al principio porque estaba seguro que sería lo mejor de cada uno. Cuando la creatividad tiene que salir de ti, cuando no le ponías barreras a tu originalidad o la espontaneidad de tus movimientos. Eso era lo más bonito para Renton, el romper lo que se creía como regla.
Publicado por Mark Renton el Mar Jul 05, 2016 3:27 pm


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No supe en qué momento me había metido en una clase con el profesor Mark Renton, pero sonaba como mi antigua profesora de violín, quien tras muchos esfuerzos y tiempo perdido determinara que yo no tenía ni una pisca de talento musical –Genial. Desde que vi Wiplash no dejo de pensar en lo bien que me vería tocando un solo de batería – dije en tono sarcástico. No iba a negar que sentía curiosidad, pero en mi lista de cosas por hacer ese día no estaba escrito aprender a tocar un nuevo instrumento musical. De cualquier forma decidí dejar de meterme con Renton: aunque yo no se lo había pedido parecía querer enseñarme, y no era culpa suya parecerse a la estirada profesora que fracasó en su intento de convertirme en una niña prodigio.

Sugirió que jugara con el instrumento, y aunque no veía nada que tuviera forma de caja comencé a pegarle dos o tres veces a cada cosa –Eh, mira, aquí hay otro pedal – dije pisándolo para descubrir que hacía golpear dos platillos que estaban uno sobre otro. No pude evitar pensar en esos monos de juguete que hacían lo mismo, aunque probablemente con más gracia que yo. Comencé a pisar ambos pedales alternando uno y otro: derecha, bom; izquierda, tss; derecha, bom; izquierda, tss. Bom, tss, bom, tss, bom, tss, bom, tss, bom, tss. Sólo moviendo los pies aquello era como bailar, sólo tenía que moverme con una cadencia específica y de pronto ya estaba siguiendo mi propio ritmo.

Sonreí. En realidad me estaba divirtiendo bastante haciendo ruido. No iba a decirlo en voz alta, claro, pero estaba segura de que mi mentor se daría cuenta. Decidí intercalar un par de golpecitos al tambor pequeño entre un pedal y otro, lo que no sonaría tan mal si no fuera porque comencé a perder la coordinación y con ello el ritmo. Desistí del pedal derecho y continué con dos golpes seguidos de los platillos. Era muy sencillo, pero no sonaba como un gato tirando ollas y sartenes en su intento por atrapar un ratón. Habría seguido haciendo maravillas de no haber dejado caer una de las baquetas, que rodó hacia los pies de Renton –Lo hice mejor que tú – alardeé para molestarlo con una sonrisa de suficiencia que no era del todo falsa.
Publicado por Delilah O'Rilley el Dom Jul 17, 2016 4:03 am
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No podía negarlo, frente a el tenía una chica más talentosa de lo que ella misma podía ver. Delilah era más fuerte y valiente de lo que ella misma creía, simplemente cuando sus ojos conectaban se hacía un remolino en sus adentros que le aseguraba estar bien a su lado. Aparte era guapa, agradable y tenía una pizca de caos que le hacía ser única. Todo esto Renton jamás, pero jamás, podría decirlo en alto aunque lo pensase de ella. Le gustaba verla disfrutar con las baquetas porque le recordaba a sus principios y aquellas tiempos, eran buenos tiempos. – Me paso lo mismo desde que vi The Basketball Diaries, mis ganas de ser un jugador de baloncesto drogadicto y fracasado han aumentado – respondió guardando sus cosas en la mochila antes de ponerse la camiseta y metiendo a Ronnik en su bolsillo. Estaba hecho un desastre pero no le importaba, formaba parte de su personalidad.

Seguía escuchando el ruido de las cajas y los platos durante un rato hasta que ceso, y las baquetas terminaron a sus pies. – Muy bien, estas echa una artista... – dijo agachándose y guardándolas en la mochila – pronto me superaras – sonrió perspicaz acercándose a la batería. Empezó a desmontar las sujeciones porque por más que quisiera, tenía que devolver aquello a la Sala de Música. – no hace falta que me ayudes, tardaré bastante, puedes irte y ya nos veremos mañana – dijo con una amplia sonrisa – estaría bien que me consiguieses un cigarro para mañana, tengo el mono que se me sube por las paredes – bromeó le gustaba su compañía, pero también le gustaba estar solo, aunque compartir un cigarro ya era casi como un vinculo más profundo.  Era un chico bastante peculiar, ella lo sabía, también lo respetaba. No dijo más mientras seguía desmontando aquello, sabía que pronto Delilah se marcharía. Solo esperaba despedirse con algún chiste o lanzándole un beso. – espero que lo hayas pasado bien, aunque haya sido breve.
Publicado por Mark Renton el Miér Ago 31, 2016 11:02 am
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Saboreé las palabras de aprobación de Renton más de lo que quisiera admitir. Aquel era mi momento de gloria, y no permití que el poco conveniente final de mi interpretación me lo estropeara. Me quedé sentada en el banquillo sin dejar de sonreír mientras mi sanguinolento compañero de clases me soltaba unos leves (aunque poco comunes) elogios que no esperaba escuchar cuando me le uní en el escenario. Cuando comenzó a guardar sus cosas y desarmar la batería me levanté para ayudarle, pero él me dijo que no era necesario. Tras un par de segundos resolví que sería mejor no meter las manos, seguramente rompería algo, lo dejaría caer al suelo o perdería alguna pieza por el camino. Aunque pudiera pagar el daño, no quería ser quien causara perjuicio alguno al patrimonio del glorioso internado Dunkelheit.

–De acuerdo – le concedí –. Este desastre es suyo, señor profesor de música – la sonrisa seguía no se me escurría de la cara, aunque ya no era de suficiencia. Aquello me había divertido bastante, aunque no estaba segura de volver a hacerlo otra vez. La música (y en especial la batería) no era lo mío: era cosa de Renton. No me veía usurpando su sitio detrás de la batería, como no lo veía a él metido en el vestuario de una de las tantas obras de Shakespeare, o dominando la cadencia del tango en las clases de danza. Ya nos veríamos las caras en nuestro campo común, la pista de atletismo.

–Creo que aún tengo un par escondidos por ahí – le respondí, omitiendo mencionar cuál era mi escondite preferido para los cigarrillos – aunque después de tanto tiempo... – me encogí de hombros. Esperaba que no supieran mal o se hubieran humedecido. Pronto no servirían más, así que valía la pena compartirlos con Renton. Me acerqué mientras se despedía y le di un golpecito en el hombro –Claro que sí; sin complejos de percusionista precoz – le limpié una pequeña mancha de sangre casi seca de la barbilla y bajé del escenario, pensando que en realidad no me importaría tomar un par de lecciones más con él.
Publicado por Delilah O'Rilley el Vie Sep 16, 2016 10:59 pm


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