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Fly away

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Recuerdo del primer mensaje :

Corre, corre fuerte, corre rápido, corre como solo el atletismo que alguna vez consideró tan inútil la obliga a hacerlo. Necesitaba verlo, necesitaba palpar su rostro entre sus manos, necesitaba saber que él estaba bien, porque si Cole desaparecía la vida de Rose se vendría abajo por completo y ella necesitaba saber que él aún estaba ahí para sostenerla, no podía perder a alguien más, no sabía hasta qué límite llegaría su fuerza. Las lágrimas se acumulaban en sus ojos claros, aún podía ver, pero si parpadeaba seguramente las pequeñas gotas se derramarían por sus mejillas y perdería el sentido, aún no podía creerlo; Gru, Nate... no necesitó hablar con ellos para dar por sentado lo que estaba pasando y le dolía, le ardía el pecho, le dolía la cabeza, no, no podía estar pasando lo que tantos habían considerado como el peor de los escenarios; Callie, Cassie... no, si seguía pensando caería rendida antes de llegar a la habitación del chico.

Rose sube los peldaños de dos en dos, sus músculos reclaman, pero ella se aferra a la baranda de las escaleras para no caer y seguir su camino. Los pasillos estaban desiertos, se supone que todos habían bajado por el simulacro y ahora debían de estar en el peor estado de desesperación. Rose podía entenderlo, incluso era un poco negligente de su parte estar sola, pero tenía que comprobar que Cole Green estaba bien, que se había quedado dormido o que había dado por sentado que era un mero simulacro. La castaña se había alzado de puntas, había buscado en su camino su rostro, pero no lo había visto. Al principio no tuvo problemas, pero todo cambió cuando los cadáveres aparecieron y vio a sus amigos sufrir por sus respectivas chicas, ahí Rose supo que tenía que correr o quizás acabara con la misma suerte que Nathaniel y Brennan.

Llegó al pasillo de las habitaciones de su curso y el de Cole, tuvo una pequeña confusión con el número, pero terminó por acordarse y corrió a su puerta. Al principio tocó dos veces; fuerte y estruendoso, se hizo daño en el puño, pero finalmente decidió entrar haciendo que la puerta diera contra la pared. —Cole, Victor y el Doctor Motka... Callie, Cassie...—. Fue un alivio encontrarlo, ella no podía hablar, tenía muchas ideas en su cerebro, muchas cosas que contarle. No tuvo tiempo de sentirse aliviada por el hecho de que él estaba sano y salvo ya que lo que vio la desconcertó por completo. —¿Qué estás haciendo...?—. Inquiere con su último aliento.
Publicado por M. Rose Wood el Jue Ago 18, 2016 11:18 am




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En el fondo, Rose estaba desesperada, sumamente desesperada. Quería que su novio reaccionara y se diera cuenta de las cosas que estaban pasando a su alrededor y de que todos tenían que actuar si querían llegar a un punto más o menos convincente, pero no, Cole estaba haciendo todo menos eso. Rose no veía compromiso en sus palabras, tampoco en sus acciones, solo notaba a un chico que seguía sus pasos sin sentimiento alguno, que cedía solo para que ella se diera cuenta de que su esfuerzo no valía la pena y que estaba haciendo las cosas al revés, que se estaba lastimando y que tarde o temprano se daría cuenta que lo que estaba haciendo era una completa tontería. Rose se daría cuenta que seguía siendo la misma chiquilla ingenua y llena de sueños que no se percata ni un poco de la realidad que está viviendo y que cree que el bien siempre triunfa sobre el mal.

Pero Rose era Rose, era la chica calmada y tranquila que todos acostumbraban a ver, era positiva y pacífica, quizás por eso prefirió irse, quizás era mejor largarse ahora que sabía que Cole estaba bien, porque si continuaba encerrada a su lado acabaría por armar un drama innecesario que solo los haría pelear. No podían pelear en ese instante, no después de que la castaña se quedara sin sus amigas, sabiendo que el internado estaba en riesgo totalmente.

Pero eso había sido antes de encontrar aquel pequeño indicio de guarida. ¿De qué se trataba?, ¿qué estaba haciendo Cole guardando todo aquello como si fuera un campamento?, ¿estaría planeando alguna fuga? No, él se lo diría, ¿cierto? Rose aún tiene en su mano una botella de agua cuando Cole pone su mano en su hombro y ella se ve obligada a mirarlo directamente a los ojos, a ese iris claro que podía paralizarla por completo. No, no podía calmarse, tampoco hace un esfuerzo por hablar y convencerlo de que no podía hacerlo, ella se queda callada esperando la explicación que tanto necesitaba.

—¿Qué?—. El argumento estaba claro, no había pérdida. Rose mira a otro lado confundida procesando sus palabras, seguía sin entender. Él estaba planeando todo aquello sin decirle nada, bien, ¿por qué mover la mochila en cuanto llegó?, ¿por qué no comentarlo? Ella podría ayudarlo. Estaba acostumbrada a sus silencios, pero ante una situación como aquella la castaña no entendía los motivos para esconderlo de su conocimiento. Rose vuelve a verlo, parecía muy seguro y convencido, pero ella no lo estaba. La chica de ojos azules mueve sus hombros, pidiendo que no la toque en ese instante, deja la botella a un lado. —Entonces... entonces ¿por qué no me dijiste nada? Podía ayudarte, darte algunas cosas. Estar al tanto de que estabas haciendo algo por los dos.

Y ante ese punto se detiene. —Porque... es por los dos, ¿cierto? No te irías solo, ¿o sí? Digo...—. Desvía sus ojos a la mochila. —Ahí... ahí no hay nada para mi—. No, él no se iría, todos eran juegos de su mente desesperada, como el mismo chico había dicho.
Publicado por M. Rose Wood el Dom Ago 28, 2016 6:18 pm




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Juraba que la amaba, pero a veces le gustaría golpearla. Rose era una moneda de dos caras, la inocencia y la inteligencia, no se podía ser las dos cosas al mismo tiempo, no cuando se sabe tanto. Pero la curiosidad siempre hacía girar dicha moneda. Cole veía como aquellas ideas que la chica tenía trataban de unirse, las dos caras de la moneda tratando de encontrarse. Por un lado estaba la idea de creer que él estaba haciendo eso por los dos, aunque lo estaba haciendo, solo que no era para que escaparan juntos, y por el otro lado, estaba la inteligencia que decía que no era para ella, nada de esa mochila era para dos personas. Cole supo que una parte de la joven sabía la verdad incluso cuando estaba preguntando, solo que la parte inocente, la Rose ilusa quería creer que no era real. A Cole no le quedó otro remedio que ser el cruel de la pareja, de nuevo, diciendo la verdad más cruda y con la menor amabilidad posible.

— ¿Qué quieres que te diga, Rose? —preguntó plasmando en su cara otra vez aquella sonrisa de plástico, falsa, la cara del chico rockstar que no tenía tiempo para lidiar con problemas que no eran el propio—. Si lo deseas puedo seguir mintiendo, pero no va a funcionar de esa manera. Tienes que elegir, eres la tonta que se cree todo lo que dicen o eres la chica inteligente que se da cuenta de la verdad, pero no puedes ir de una a otra y esperando que la gente te tenga respeto. El mundo no funciona así, cariño, ya lo deberías saber. No se puede ser blanco y negro en un mismo cuadrado.

Explicó usando aquel tono al que se recurre cuando se le quería explicar algo a un niño pequeño. No era intencional, era autoprotección. Todas las personas que le habían jurado amor siempre habían acabado por marchar, siempre desaparecen de su vida sin permitir que dijera adiós. Su madre, sus hermanos, incluso su padre que, en los últimos años, parecía más interesado en el dinero de la banda que en sus cuatro hijos. Cole guardaba los buenos momentos para alimentarse de ellos, pero la herida de las promesas rotas y las palabras que no eran más que humo siempre estaría presente en su vida. No puedes amar a alguien totalmente cuando sabes que te puede dejar en un abrir y cerrar de ojos. Duele, y pertenece a esa clase de heridas que nunca termina de cerrar. Autoprotección, deseo de sentirse a salvo de personas que intenten lastimar de nuevo. Podía verse como frialdad, pero la realidad tenía que ser vista con esos ojos, con los ojos de la crueldad que tanto tenía y que con tanta saña movía los hilos del destino.

— ¿Recuerdas a tu hermano? ¿Wesley? Ese era su nombre, ¿verdad? —volvió a preguntar antes de que la joven pudiera llegar a responder. Quería explicar su punto para que la castaña entendiera que las decisiones que se tomaban nunca eran sencillas—. ¿Qué no hubieras hecho por él? Estoy seguro que si te hubieran dado a elegir entre su vida y la mía, lo hubieras elegido a él sin pensarlo dos veces, y hubiera sido correcto, porque yo lo hubiera entendido. Los lazos de hermanos no pueden ser cortados con una simple tijera, no puede encontrarse otro hermano a la vuelta de la esquina. Pero, ¿enamorarse? Uno puede enamorarse cientos de veces. Sonará cruel, sonará como si viniera del mismo infierno, pero, Rose, tu eres reemplazable, al igual que lo soy yo, pero antes de que pienses de esa manera, te diré la verdad. Estaba pensando en escaparme para ir por mi hermano, no lo puedo dejar solo y si tengo que escoger, tampoco dudaré en elegir. Estar aquí es mejor que ir allí afuera porque no sabemos qué es lo que podemos encontrar, si van a matarnos o si mataran a alguien más. A mí no me interesa toda esta gente, a ti sí, claramente, entonces, ¿entiendes por qué tienes que quedarte? Si yo logro salir, puedo alertar a la policía y los vendrá a buscar y, si quieres, ahí te pido perdón por abandonarte y te compro un regalo caro que diga que te amaré por el resto de mi vida. Mientras tanto afronta la realidad como una mujer inteligente o vuelve a ser la niña tonta, pero no te quedes en el medio, te contradices a ti misma.
Publicado por J. Cole Green el Lun Sep 19, 2016 10:09 am



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Cole
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Cody Saintgnue
Todos los humanos cometen errores. Lo que determina nuestro carácter es si convertimos esos errores en excusas o lecciones.
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Cuando era pequeña, Rose solía disfrazar los argumentos de su padre para no darse cuenta de lo que en realidad estaba pasando. Por ejemplo, si el progenitor le negaba a la pequeña de ojos azules ir a la biblioteca, Rosie prefería pensar que era porque una nube gris cubría la ciudad y en cualquier momento podía llover, ignorando que el hombre lo único que quería era tenerla en casa para servirle la comida y arreglar su ropa, aunque fuera con cierta torpeza. El paso del tiempo le hizo darse cuenta de la realidad y por más que conociera lo que estaba pasando, Rose quería enfocarse en otras posibilidades, en aquellas que les dieran matices claros a sus pensamientos y que hicieran de su vida más amena. Eso era lo que estaba pasando; Rose sabía que él quería irse y que ella no contaba en ese plan, pero se negaba a creerlo cegada por sus mismos nervios y todo lo que acababa de pasar hace segundos.

Lo ve a los ojos y poco a poco las palabras de Cole empiezan a destilar, eran como veneno y ese veneno dolía mucho. Se estaba dirigiendo a ella con frialdad, con arrogancia. Sí, quizás fuera cierto todo aquello y era hora de que Rose dejara las medias tintas para irse a un extremo, pero aun así dolía, dolía cuando la persona amada se expresaba de esa forma. Aquella sonrisa... cómo la odiaba. Sentía tantas ganas de golpearlo cada vez que adquiría una faceta de chico rustico sin corazón, pero ahí estaba, tiesa, con sus pies atados al suelo como si fueran pesadas raíces.

—Entonces, te vas...—. Afirma. Las palabras dejan un sabor agrio en su paladar y un vacío notorio en su pecho. De eso se trataba todo, él quería irse y Rose no entendía o no quería entender sus razones. ¿Cómo entenderlo? Cole era el único amor que conocía. Rose a pesar de no tener familia se mantuvo inocente, pura, siempre buscando la luz. Cole despertado la vida en ella, la había hecho sentir cosas que nadie podría hacerle sentir nunca. Ella, de cierto modo, había derramado todo su amor en el chico, estaba enamorada, aferrada a él. Que quisiera irse era como si le arrancaran de cuajo parte del pecho.

El nombre de su hermano hace que Rosie alce la mirada y lo vea con detenimiento. ¿Qué pretendía? Pero las siguientes palabras la condenan, la condenan y lo peor es que él no sabía que lo estaba haciendo. Rose nunca le pediría elegir entre ella y entre su hermano, sí, lo quería para sí, quería cuidarlo y estar a su lado, que juntos encontraran la salida, pero a la vez entendía el amor que despertaba su propia sangre. Wes no era su hermano literalmente, pero lo amó como tal y quizás ese pedazo en su corazón nunca sería el mismo. Solo que Rose haría las cosas diferentes, muy diferentes, ella tenía otra versión de las cosas.

Iba a hablar, quería interrumpirlo, pero su siguiente argumento la quiebra de nuevo con un golpe fulminante. Los pedazos dejan de caer poco a poco para desmoronarse ante un solo empujón. Los ojos de Rosie dejan de brillar, lo ve, pero en verdad quisiera no hacerlo. Para Cole ella era reemplazable, lo era, eso estaba diciendo. Rose nunca pensó irse de su vida. Su futuro, aunque a veces se viera lejano, se vislumbraba con el chico a su lado, ambos juntos de la manera que sea, Rose no quería irse, pero él le estaba dando a entender que todo el amor que ella conocía se podía cambiar. ¿Así eran las cosas? Si era de esa forma la verdad era un asco, a ella no le gustaba esa verdad. El amor, el sentir, eran sentimientos que para Rose perduraban y ella quería que fuera de ese modo con Cole, pero él lo estaba haciendo muy difícil.

¿Regalos, pedir perdón? Eso fue la gota que derramó el vaso. Ella no quería sus regalos y sus promesas, lo quería a él. Rose no aguantó más y dio una sonora bofetada en la mejilla del chico con sus uñas involucradas. Sus ojos brillaban y las lágrimas orgullosas se negaban a salir. —¿Eso es todo? Ir, salvar a tu hermano, buscar a la policía. Suena muy sencillo, pero quien sabe si para cuando llegue ese momento todos estemos muertos o a ti te paso algo peor en el camino—. Escupe con un rencor muy extraño en sus palabras, como si todo el dialogo fuera ajeno a ella.

—No me compares contigo, Cole. No pienses nunca que yo reaccionaría del mismo modo que tú. Amé a mi hermano con mi vida y nunca te pediría elegir, pero yo... yo jamás elegiría entre tú y Wes, buscaría otra solución o sería capaz de dar mi vida incluso antes de tener que elegir a alguien. Lo ame, y a ti te amo, son dos amores diferentes, pero no pienses que yo actuaría como tú. Yo estoy muy lejos de ser cómo tu—. Sus palabras suenan como si el chico que estaba frente a ella fuera un monstruo, un perfecto monstruo.

—¿Irremplazable? Nunca creí que fueras irremplazable, no para mí. Ocupaste un lugar en mi corazón desde que llegaste y te quería ahí. ¡Por Dios te quiero ahí siempre!—. Alza la voz, las lágrimas empiezan a emanar de sus ojos. —Lo único que quería era estar a tu lado, cuidarte, estar juntos en las buenas y en las malas. Salir de aquí, pero salir juntos porque todos acá tenemos luchas, no solo tú, no solo yo. Pero tu estas actuando sin pensar con claridad. Tu impulso es salvar a tu hermano y eso es normal, pero irte, dejar todo sin saber que pueda pasar... estas personas me importan porque son mi familia. Me dañaron muchas personas que se supone que debían amarme, pero no por ello dejó de importarme el sentimiento de fraternidad, de amigos. Tú crees que porque tuviste una vida miserable siempre va a ser así, pero te equivocas, estás haciendo lo que tanto has criticado, eres tú el que abandona, esta vez tu eres que se irá porque no das tiempo a entender que todos estamos unidos por una misma causa y por el peligro de lo que está pasando.

Rose camina hacia la puerta. Necesitaba aire, necesitaba correr e irse de inmediato —Vete, vete con toda tu mierda encima, Cole. Pero no vuelvas a buscarme, no vas a quebrarme más, porque yo si tengo cosas que hacer aquí y personas a las qué cuidar—. Lo ve nuevamente al tomar el pomo de la puerta. Lo amaba, lo amaba tanto que estaba desgarrando su alma por hacerlo. Pero él había tomado su decisión y ella no figuraba ahí. No sabía si se volverían a ver o cuándo él tomaría la decisión de partir, pero lo cierto es que ella tenía cosas que hacer dentro de internado y no podía dejar ir a sus amigos, no de ese modo. Estaba perdiendo parte de su alma al decirle todas esas cosas, pero no podía desmoronarse más. Cole, con su manera de actuar, la estaba desmoronando y ella no podía seguir así, no si quería ser la chica fuerte que podía ayudar a los demás.

La castaña sale y cierra la puerta tras de sí, corre a su habitación antes de considerar siquiera por un segundo volver. Se encierra colocando el seguro por si las dudas, cae en su cama... sería otra noche en vela.
Publicado por M. Rose Wood el Lun Sep 19, 2016 12:48 pm




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